DIVERSIDAD BIOCULTURAL PDF Imprimir E-mail
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UN MUNDO DE DIFERENCIA/ LINGÜÍSTICA

MAURICE CARDER


Hay mucho en común entre diversidad biológica y lingüística. Si las destruimos, de alguna manera la vida  puede continuar, pero nuestra "vitalidad” se vería amenazada.

HACE POCO PREGUNTÉ a un grupo de estudiantes, representantes de diez nacionalidades de todo el mundo, cuántos idiomas se hablaban en su país. Todos, excepto un belga, respondieron de inmediato diciendo “uno”. Les sugerí investigar sobre el tema y que me entregaran un informe la clase siguiente.

El estudiante iraní causó gran sorpresa durante la sesión de reacciones cuando dijo la cifra de ochenta y nueve. Las estadísticas se basaban en lenguas indígenas, o endémicas, sin incluir los inmigrantes recientes.

Cuando se le pregunta a la gente cuántos idiomas se habla en el mundo, generalmente señala una cifra que oscila entre los 50 y los 600. Esto es muy por debajo de la cifra aceptada de 6.000 a 7.000. Al igual que ocurre con la biodiversidad, los idiomas van aumentando en la medida en que nos acercamos al Ecuador. Lamentablemente, tal como sucede con la diversidad biológica, también hay una creciente tasa de extinción.

 

Tove Skutnabb-Kangas, un primerísimo escritor en muchos aspectos, dice que durante los últimos 500 años “aproximadamente la mitad de las lenguas conocidas del mundo han desaparecido”. Otro investigador, Michael Krauss, estima que el 90% de las lenguas de hoy podrían extinguirse en 100 años, quedando tan sólo cerca de 600. Algunos investigadores hacen estimaciones más bajas. Se trata de una cruda imagen: los idiomas están muriendo, pero la conciencia de este fenómeno es poco discutido fuera de los círculos académicos. ¿Importa eso?

 

Las respuestas a esta pregunta son complejas y en el mundo actual se mezclan con el desarrollo político de la sociedad, particularmente desde el surgimiento de la Nación-Estado. No es casual que hoy existan menos idiomas hablados en Europa (el lugar donde se originó la Nación–Estado) que, por ejemplo, en sólo un país africano: Nigeria.

 

La mayoría de las naciones europeas tienen una lengua como idioma oficial y los hablantes de lenguas “minoritarias” han sido marginados (quizá tardíamente reconocidos en la Unión Europea, pero en gran parte en vías de extinción). Los Estados Unidos son el mejor ejemplo del lenguaje de una nación (el inglés) asfixiando a todos los demás.

 

En 1996 hubo una conferencia en la Universidad de California, Berkeley, donde la directora de Terralingua, Luisa Maffi, dijo que existen “notables coincidencias entre las mapeos globales de las zonas de megadiversidad biológica del mundo y las áreas de alta diversidad lingüística”, de la misma forma en que existe “una alta correlación entre baja diversidad cultural y baja diversidad biológica”.

 

Teniendo presente una etapa ulterior David Harmon, Secretario de Terralingua, observó el endemismo (que se refiere a algo que es propio de una región en particular) en el lenguaje y en vertebrados superiores. Luego, Harmon observó los veinticinco países que tienen la mayoría de los idiomas y las veinticinco naciones que tienen vertebrados más superiores. Encontró que dieciséis países (el 64%) estaban en ambas listas:

           

Países extensos con terreno muy variado, clima y ecosistemas, como México, Brasil y China.

• Islas como Papua Nueva Guinea, Filipinas e Islas Salomón.

• Países tropicales como Camerún, República Democrática del Congo y Tanzania.

 

Harmon añade el factor 'urbanización' a aquellos que promueven baja diversidad.

También encontró una alta correlación entre las lenguas y las plantas floridas: una región o bien tienen muchas de ambas o pocas de ambas.

 

Skutnabb-Kangas descubrió que donde existen muchos lenguajes también existen muchas mariposas, y explica que la relación entre diversidad y biodiversidad lingüística y cultural no es solo de correlación sino que también es casual. Quizás no tan directamente, pero la repercusión es que la diversidad lingüística y cultural puede ser decisiva mediando variables para sostener la biodiversidad en sí misma y viceversa

 

Por ejemplo, más de 40.000 plantas comestibles fueron conocidas por los habitantes aborígenes de Australia del Sur, y de ellas muy pocas son ahora usadas por los inmigrantes europeos, quienes ni las han lexicalizado ni utilizado. Esto conduce a su desaparición y quizás a su eliminación, ya que son vistas como “malas hierbas”.

 

Skutnabb-Kangas hace una larga disquisición sobre cómo la co-evolución ambiental-humana trabaja en la lengua y cultura Sami del norte de Finlandia y Noruega. Afirma que el requisito previo para que el cazador viva de la naturaleza es tener un conocimiento profundo del paisaje y, para que esto sea transmitido a las futuras generaciones, la lengua debe tener expresiones exactas y términos precisos para aquellos conceptos que son importantes para sustentar la vida. Del mismo modo, un vocabulario extenso permite describir y recordar los paisajes y los lugares de ríos y lagos cuando se conversa sobre la caza y la pesca. La colonización es descrita como uno de las formas abruptas con la cual dichos conocimientos pueden desaparecer.

 

EN TÉRMINOS GENERALES, es evidente cuánto en común existe entre diversidad biológica y diversidad lingüística: el número de variedades se concentran en lugares similares, y más ominosamente las actividades de unas pocas especies o los idiomas pueden tener consecuencias negativas. Así como, por ejemplo, el sapo de caña (o sapo neotropical gigante o sapo marino) introducido en Australia se está extendiendo inexorablemente y acabando con la fauna local, los monocultivos de origen euroasiático como el trigo, la cebada y el ganado están sustituyendo a una profusión de especies locales. Entonces lenguas como el inglés, el español y chino se están esparciendo a expensas de los dialectos y lenguas locales. La desaparición de cientos de especies de peces, aves y otras formas de vida junto con sus nombres y las formas conexas de conocimiento de su hábitat y comportamiento, representa una enorme pérdida para la ciencia, precisamente en el momento en que más nos urge gestionar los ecosistemas locales con mayor eficiencia.

 

Harmon escribe de forma más expresiva sobre todo lo que es un futuro con menos diversidad: “Es perfectamente concebible que la vida en la Tierra pudo haber evolucionado con el fin de presentarnos condiciones mucho más cercanas a aquellas que, por ejemplo, vive un prisionero que está en solitario confinamiento.

 

En lugar de un mundo provisto de millones de especies, miles de lenguas y otras distinciones culturales y un paisaje extremadamente variado, tal vez podríamos haber tenido uno mucho más árido. Podríamos haber nacido en un mundo poblado por estorninos y malezas, donde cada persona hablara y se vistiera y comiera y comportara más o menos igual, donde cada campo y ciudad se viera muy parecida a cualquier otra…

 

Pero fuimos afortunados. Tenemos el mundo que tenemos. El que hemos heredado es verdaderamente, incluso aún ahora, un mundo diverso. En su corazón es una paradoja: los seres humanos necesitamos igualdad, pero ser humano significa que primero necesitamos verdaderos y ricos depósitos de diversidad biocultural para extraer de ellos. Si continuamos actuando de forma que se destruya la diversidad, de alguna manera la vida puede continuar, pero nuestra vitalidad  - nuestro único sentimiento humano de lo que supuestamente es la vida -  se extinguirá”.

 

  • Maurice CARDER está a cargo de la educación de lenguas nativas de estudiantes en la Escuela Internacional de Viena. Su libro más reciente es “Bilingüismo en las escuelas internacionales”.


DESTACADOS:

 

Los idiomas van aumentando en la medida en que nos acercamos al Ecuador

 

Donde existen muchos lenguajes también existen muchas mariposas.

 
 

DESARROLLO ENDOGENO

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